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lunes, 5 de noviembre de 2012

Retratando a Mandy Patinkin

Hacía mucho que me apetecía retomar esta sección en la que hacemos un repaso a diferentes actores o actrices y la elección me la sugirieron indirectamente @ainhop, @satrian y @bvalvarez en sus comentarios a la entrada de Homeland ya que me dí cuenta de que no había hablado de este gran actor y de su fantástico papel en la serie así que de esta manera, me redimo con él.

Mandy Patinkin nació en Chicago, Illinois el 30 de noviembre de 1952, así que en nada cumplirá 60 años. Fue a la Juliard School of Drama.  Sus primeros papeles fueron en el teatro, en concreto musicales, como veremos después. Este género no lo abandonó en sus primeros papeles en el cine, entre ellos Yentl de la mano de Barbra Streisand (1983). Sin embargo, unos pocos años después llegaría uno de sus papeles más importantes. Es en 1987 cuando lo logra en la película de culto "La princesa prometida, en la que interpreta a Iñigo Montoya con su inolvidable frase "Hola, me llamo Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre. Prepárate a morir". No fue hasta hace un par de años que por casualidad conecté que el actor de esa película memorable de mi infancia (y que me han dado ganas de revisionar) era el mismo actor de Mentes Criminales y fue una grata sorpresa. 


Durante los 90, compaginaría su trabajo en el cine con películas como Dick Tracy y Alien Nation con Brodway. Además tuvo tiempo de realizar el papel del Dr. Jeffrey Geigar en la mítica Chicago Hope, aunque a pesar de su éxito y que ganó un Emmy, abandonó en la segunda temporada. 

Continúo alternando teatro y cine, aunque también apareció en muchas series de televisión: Tocados por un ángel, Profesores de Boston, Ley y Orden... Pero la estabilidad le llegó con Tan muertos como yo, una de las mejores comedias negras más infravaloradas. Después otra serie de éxito, Mentes Criminales en la que se hizo aún más reconocido, aunque no le produjo mucha satisfacción trabajar en ella ya que según sus palabras, trabajar en ella fue destructivo para su alma y personalidad, provocandole incluso que se le pasase la idea de dejar la televisión.

Afortunadamente no ha sido así y actualmente le podemos seguir viendo una de las mejores series en la actualidad, Homeland, en la que interpreta Saul Berenson, jefe de División de la CIA, que supone un compañero ideal, en algunas ocasiones a modo de padre, de Carrie, interpretado por Claire Danes. Cuando se habla de esta serie, sólo se habla de Claire Danes y Damian Lewis (yo la primera), pero es cierto que este secundario es inmejorable logrando una interpretación muy lograda. Mandy está soberbio en su papel de contrapunto serio, estable y frío entre tanto caos de personalidad.

Como decía antes, lo que desconocía totalmente de él era su faceta de interprete de musicales. Es más, a través de su página web oficial, he podido descubrir muchos detalles interesantes como que en su debut en Brodway en 1980 Mandy ganó un Tony Award por su papel de Che en la obra Evita de Andrew Lloyd Webber. Además de eso es músico, publicando varios discos, el último de ellos de 2002. En 1998, realizó su proyecto más personal, Mamloshen (lo podéis encontrar en Amazon), una colección de canciones tradicionales, clásicos y contemporáneos cantados en yiddish (idioma oriental del judeoalemán hablado por las comunidades judías del centro de Europa). Hubo producción en Brodway y se realizaron varias giras por todo el país. Además su grabación ganó el Deutschen Schallpiattenpreis (el equivalente alemán del premio Grammy). Tenéis más información en su página web.

En cuanto a su vida personal, está casado con la actriz y escritora Kathryn Grody, con la que tiene dos hijos, Isaac y Gideon (como el papel del que reniega de Mentes Criminales) . Como curiosidad, mide 1.85 y le podéis escribir a Mandy Patinkin, Planetarium Station P.O. Box 64 New York, NY 10024.

Y para finalizar, aquí os dejo con algunos de los videos que he encontrado. Me ha costado elegir porque me he pasado media tarde viéndolos.





La imagen no es muy buena, pero oírle decir esa frase tan conocida me ha hecho mucha gracia


Y como se acercan las Navidades, un villancico...




martes, 30 de octubre de 2012

Una guerra psicológica

(OjO Si no sabes quién ha sido herido en una mano, no sigas leyendo.
SPOILERS DE HOMELAND HASTA 2.05)


Hasta hoy no me habían entrado las ganas de hablar de una de las series que más aplausos está recibiendo últimamente. Es más, no había hablado de ella nunca hasta ahora. Sin embargo, una escena, dos protagonistas pueden hacer que te despierten de una manera brutal. Efectivamente, si hay un drama que demuestra estar a otro nivel, ése es Homeland. No obstante, debo matizar que hasta el final del cuarto capítulo de la segunda temporada y, especialmente, este quinto tenía mis dudas sobre los elogios hacia la segunda temporada (no así sobre la primera). 

El año pasado maratoneé la primera temporada impulsada por las grandes alabanzas que había recibido y efectivamente fue el mejor estreno demostrando que con un buen guión escrito y unas interpretaciones magistrales no hace falta más (como si eso fuera tan fácil de conseguir, ¿verdad?). La primera temporada consiguió construir una trama compleja en la que, ya no por capítulo por capítulo, sino escena por escena lograba despertar muchas dudas al telespectador sobre las intenciones de los personajes, en especial de Brody. Recuerdo como tan pronto me convencía de su recuperación a la vida normal, como me hacía sospechar de que tenía un plan oscuro. Así no es de extrañar que lograse en los pasados Premios Emmys  cuatro, al mejor drama, actor protagonista, actriz protagonista y mejor guión por su episodio piloto (aunque yo siempre ensalzaré el último de ellos mucho más).

Así llegamos a la segunda temporada con la dura misión de mantener el excelente nivel que había cosechado durante sus primeros doce capítulos. Como decía, los primeros capítulos de esta segunda temporada me estaban despertando dudas sobre si lo estaba consiguiendo. Sí se estaba acercando bastante a ese gran nivel, pero había cosas que me parecían demasiado facilonas, aunque totalmente justificables para beneficiar la trama y más viendo el punto culminante de este quinto capítulo. Me refiero obviamente a la vuelta de Carrie y el encuentro del video. Pero cualesquiera dudas que pudiese tener han quedado disipadas con el cuarto y el quinto capítulo. 

Era obvio que después de encontrar el video, iban a vigilar a Brody; pero lo que no me esperaba tan pronto  fue que Carrie descubriese el pastel. La escena del bar con el coqueteo nervioso de ella sólo podía ser superada por otra escena igualmente impactante entre los dos: el interrogatorio a cámara cerrada. 15 minutos en los que no hace falta más para disfrutar de dos grandes intérpretes que mirándose a los ojos provocan tantas emociones. La escena montada con una gran conversación y con un intercambio de plano-contraplano es sublime. La tensión entre ellos es una de las mejores vistas hasta el momento. Es inevitable en esos planos no sentirse totalmente fascinado por Damian Lewis y Claire Danes, que me da en la nariz que se han asegurado muchos más premios futuros. En definitiva, un capítulo sublime que marca un antes y un después en esta temporada.

Homeland es una serie que sabe muy bien equilibrar el ritmo, los silencios, las palabras, los ojos llorosos, los cliffhangers. Poco a poco, sin prisa nos ha ido desarrollando la historia para llegar a ese punto de inflexión, esa cumbre en la historia que trastoca todos los planes que podíamos albergar. A partir de ahora, habrá que ver cuáles son las consecuencias de esa tensión-amor-odio entre Carrie y Brody (de esa mano de él sobre la mano de ella en el coche), de ese pacto de Brody con la CIA y si realmente lo acatará o jugará a dos bandas, de cómo repercutirá en sus relaciones familiares, en concreto con su hija, que se ha descubierto como otra de las grandes puntos fuertes de esta temporada. Ella es el mástil de la benevolencia de su padre y precisamente esa subtrama con el hijo de Walden (excelente escena del cuarto episodio en el obelisco donde se confiesan amor reflejándose sus caras en el cristal) y el atropello se antojan de lo más interesante ya que puede provocar muchas repercusiones y hacer que todo se tuerza.


Lo mejor: que aún estamos a mitad de temporada, por lo cual queda todo un mundo que descubrir. Si bien, que haya una tercera temporada vuelve a evocar dudas sobre cómo se las ingeniarán para mantener tal alto nivel. Pero no corramos. Tan peligroso es que las series no sepan retirarse a tiempo, como que los telespectadores estemos siempre desconfiando. De momento, sigamos disfrutando de esa guerra psicológica   en la que nada es lo que parece que nos ofrece Homeland.

PD. En Cocina en serie, también le dimos nuestro particular homenaje. ¿Quieres saber con qué receta? Pincha aquí.