Dicen los que saben que el mejor whisky es aquel por el que ha pasado tiempo. Y creo que ahí radica el quid del estreno más esperado desde hace meses. Basado en el libro de Nelson Johnson, Boardwalk Empire cuenta la historia de Atlantic City durante los años 20, los más duros para el país norteamericano. La entrada en vigor de la Ley Seca , que prohibía la venta de bebidas alcohólicas, supuso un duro golpe para una nación que vivía un excelente momento gracias a la buena economía que había.
Las expectativas estaban claramente por las nubes ya que venía con el sello de Martin Scorsese, productor y director del primer capítulo, de Terence Winter (productor ejecutivo y guionista de Los Soprano), y por increíbles promos que han ido llegando en los últimos meses. Y en este punto, no defraudó, pero quizás ahí está el fallo, si se puede decir así. No me malinterpretéis. Me gustó el piloto, mucho además, pero sabía que iba a estar ante una excelente serie así que no hubo ninguna sorpresa. Para algunos nostálgicos es la sucesora de Los Soprano; sin embargo, yo le ví cierto aire a Treme y de ahí viene mi no sorpresa ya que todos los halagos que le encontré se pueden predicar a Boardwalk Empire. Y quizás en el fondo esperaba algo más, distinto, que la hiciese destacar aún más si cabía.
¿Y cuáles son esos halagos? En primer lugar, el plantel de actores. Si bien Buscemi actúa como anclaje del conjunto, la serie cuenta con una extraordinaria riqueza de personajes interpretados magistralmente por diversos actores. Uno de los que más me llamó la atención es Michael Pitt, actor y cantante, al que siempre recordaré por ser el soso novio de Jen en Dawson Creek, porque precisamente se ha hecho mayor. Se nota una madurez adquirida por el rodaje, aunque también cierto esfuerzo por querer ser el nuevo Leonardo Di Caprio. Pero la gran apuesta es no tener un único héroe o villano en escena, sino en colocar una gran variedad de personajes, a la vez complejos ya que por ejemplo, Nucky (Buscemi) tan pronto demuestra una sencilla amabilidad como una crueldad desmesurada. Todos tienen distintos grados de maldad y por tanto, de bondad. Por tanto, el desafío del espectador será precisar el nivel de empatía con ellos.
En segundo lugar e íntimamente relacionado con lo anterior, están las tramas. La Ley Seca , la bonanza de la economía, la conquista del voto de la mujer, la llegada de la radio son acontecimientos que marcaron una importante época en los EEUU. Todo ello adornado con las atrayentes historias de la mafia, el contrabando y la política sucia. Lo interesante será ver como en los cinco capítulos que restan traducen todos esos acontecimientos al lenguaje televisivo. Por lo pronto, parece que la corrupción y el maltrato serán los ejes sobre los que girará la serie, aunque dispone de licencia para incorporar violencia, sexo y escándalo político, entre otros. Además el piloto cuenta con ciertos guiños al cine negro, lo cual es un punto a su favor para los amantes del género.
Y en último lugar, la excelente producción, algo que estaba claro desde el principio. Scorsese establece el tono y la estética de la serie desde el primer minuto, si bien se aprecia hacia mitad de capítulo cierto bajón, lógico al tratarse de un capítulo de 72 minutos. Con una apreciable fotografía y una excelente ambientación tanto de localizaciones como de música se consigue fácilmente trasladarte a esa época.
En definitiva, lo que esperamos ha sido concedido: una cuidada producción y unas tramas que se antojan muy interesantes. Si bien seamos algo cautos. El piloto parece estar persiguiendo algo, un sentido de grandeza, que ya se le concedió antes de ser emitido. Como el buen whisky se lo irá ganando con el tiempo porque como decía me ha gustado mucho, pero al no haber sorpresa, la sensación que me provoca es que me falta algo para que hubiese sido realmente brillante. Pero aún así tiene elementos suficientes y muy grandes para que la siga saboreando.





















